Ese fantasma llamado Miguel Najdorf

Derrota ante Karpov en Mar del Plata; antes Najdorf rechazó dos propuestas de tablas

 

Tenía sólo 29 años cuando llegó a la Argentina en 1939, y nunca más supo o quiso alejarse de esta tierra. La declaración de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en Buenos Aires como integrante del equipo de ajedrez polaco que participaba en la VIII Copa de las Naciones (más tarde llamada, Olimpíada de Ajedrez). Tras la finalización del certamen, y con escasa posibilidades de medios y supervivencia (para regresar a su terruño), Miguel Najdorf eligió primero levantar su enroque; una humilde morada, en una modesta pensión en el centro porteño, con una habitación y un escuálido inventario compuesto de un catre, una mesa, una silla y el baño compartido. Durante algún tiempo, el maestro estonio, Paul Keres fue su compañero de cuarto y prohibiciones.

 

Recién cuando armó su defensa, su refugio en realidad, se lanzó al ataque; salió en la búsqueda de cómo subsistir con poco dinero (menos de 100 dólares) y sin conocimiento del idioma castellano para poder comunicarse. Ingenioso y astuto, enseguida descubrió que la reventa podría ser una forma de gambetear el hambre; compraba golosinas o vestimentas en el barrio de Once y se trasladaba a pie hasta Liniers (distante a casi a 90 cuadras) donde las revendía con algunos pesos o centavos de recargo.

Y aunque con la noche, el cansancio le hacía sentir el rigor del trajín diario, el joven polaco no se alejó del tablero -en definitiva era lo que mejor sabía hacer-, con lo que descubrió otra manera de ganarse el sustento: brindando exhibiciones simultáneas o inscribiéndose en cuánto torneo en el que hubiera premios en efectivo. Impensadamente una tarde la fortuna le golpeó la puerta cuando a mediados de los años cuarenta le enseñaron un nuevo oficio. El maestro aprendió a vender seguros de vida. Lo que sigue es historia conocida.

con su segunda esposa, Eta

 

Pronto formó un hogar; se volvió a casar y tuvo dos hijas que extendieron la prosapia judía con 5 nietos. Miguel Najdorf batió el record mundial de partidas a la ciega (en Brasil en 1947 ante 45 rivales), ganó ocho (el último en 1975) campeonatos argentinos -el record aún hoy sigue vigente-, se enfrentó con once (Capablanca, Alekhine, Euwe, Botvinnik, Smislov, Tal, Petrosian, Spassky, Fischer, Karpov y Kasparov) de los veinte campeones mundiales y se ubicó entre los 10 mejores ajedrecistas del mundo. Representó al país en 11 olimpíadas de ajedrez, cosechando tres subcampeonatos y dos terceros puestos.

 

 

sus hijas Mirta y Liliana, junto a Bobby Fischer

Con él se popularizó el juego de ajedrez; entre los años setenta y ochenta una numerosa grey de aficionados asistieron como participantes o simplemente curiosos a los mejores torneos que se disputaban en Argentina.

Con su esfuerzo y con la visita al país de figuras como Bobby Fischer y Garry Kasparov, en más de una oportunidad hubo necesidad de cortar el tránsito de calles y avenidas por la cantidad de público alrededor del evento. En el match Fischer-Petrosian, en el Teatro San Martín en 1971 se produjo el corte de tránsito en la avenida Corrientes, además de agotarse los libros y juegos de ajedrez en las librerías de la ciudad. En 1992, Kasparov se inscribió en un torneo en el Club Argentino de Ajedrez y fue necesario cortar el tránsito de la calle Paraguay al 1800, por la cantidad de gente que pugnaba por acercarse a la mesa de juego del entonces campeón mundial.

 

Junto al Che, en Cuba

 

Lo descripto es apenas un puñado de cosas para dimensionar a Miguel Najdorf como un referente del ajedrez mundial; pero hay más. Él fue embajador del juego ciencia, y disputó partidas con el General Perón, De Gaulle, Churchill, Che Guevara, Fidel Castro, Nikita Kruschev y el Mariscal Tito. También jugó con personalidades del ambiente deportivo y artístico. Durante veinte años fue columnista del diario Clarín, y sus artículos, muchas veces a doble página, fueron de los más leídos en la edición de los sábados.

En los años ochenta, y con más de 16 millones de dólares en los balances de su empresa, el viejo Najdorf, ya millonario (“mis nietos no podrán gastar jamás mi dinero”, se ufanaba en mesa de amigos), creyó oportuno devolverle al país parte de las muestras de cariños recibida con la creación de los Magistrales que llevaron su nombre. Se trató de un auto homenaje y de una manera de brindarles a los más jóvenes la posibilidad de enfrentarse con las estrellas extranjeras invitadas. Varias de ellas estaban entre las mejores del mundo. Era una forma de foguear a los jóvenes talentos de acá con las figuras de allá, a las que nunca tendrían posibilidad de enfrentarlas. “Ya le he dicho a mi familia, que aunque yo no este con ustedes, los magistrales se deben continuar jugando”, prometió en el último acto en abril de 1997 frente al Intendente porteño, Fernando De la Rúa. Pero las promesas vanas de un amor, una vez más se escaparon en el viento.

Este año se cumplirán veinte Julio sin la presencia del viejo Najdorf, tras el jaque mortal que lo sorprendió en Málaga en 1997. Y serán diez sin sus certámenes. Es que sus familiares sólo mantuvieron el legado hasta 2007, y luego lo entregaron a organizadores polacos. Pero el festival en Polonia no cuenta con espacio, ni invitaciones para jugadores argentinos.

 

Hoy 15 de abril es el aniversario N°107, de aquel lejano natalicio en Grodzisk Mazowiecki, en Varsovia. Pero el recuerdo es ínfimo. Apenas una escultura con su nombre en una plaza en Vicente López, una imagen de su rostro cuelga de un clavo en uno de los salones del Club Argentino, y el próximo 20, en la Plaza Vaticano, alumnos de escuelas primarias le rendirán un tributo.

Acaso muy poco para alguien tan generoso como para dedicar sus dos vidas, en Polonia y la Argentina, casi exclusivamente al ajedrez. Su nombre, historia y trayectoria sobrevuelan como un fantasma para jugadores, dirigentes, familiares y entendidos. Sus jugadas aún encienden recuerdos, sin dudas el mejor jaque contra el olvido.   

4 comentarios

  1. Miguel A Sanchez

    Un gran recuento de los primeros años de Najdorf en Argentina. Esos primeros meses tras el final del Torneo de las Naciones de 1939 debieron ser muy duros, más el conocimiento de las atrocidades que ocurrían en Polonia.

    • Muchas gracias, Miguel. Sí, supongo, que fueron tiempos muy difíciles y sobre los que hubo que tomar una decisión de vida. Reinventarse en un nuevo país, o regresar a su país, donde no le quedaba nada.

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